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Mostrando las entradas de abril, 2020

Melancolía

Había pensado en escribir sobre necesidad, la necesidad que todos tenemos de ser valorados, de que alguien nos saque de nuestra falta de necesidad. Tenía algo que escribí hace cuatro años, pero ya no me parece tan bueno, creo que necesita que lo pula. Comparto unas pequeñas frases que encontré en mi escrito de hace cuatro años, seguramente escritas por el P. José Pedro Manglano de alguno de sus excelentes libros. "Mañana seré lo que luche por ser hoy" "El futuro nos define más que el pasado" "No puedo cambiar lo de fuera pero puedo cambiar mi corazón" "Sentido es lo que me devuelve la realidad cuando recibe mi entrega" "Nuestros sufrimientos son como caricias bondadosas de Dios, llamándonos para que volvamos a Él, para que reconozcamos que no somos nosotros los que controlamos nuestras vidas, es Él quien las controla y podemos confiar plenamente en Él." Siempre leer lo que escribí en el pasado me pone melancólica, de verdad sen...

El mundo en crisis

Leí una entrevista que le hicieron a cierto filósofo famoso en la que decía que el no creía en los grandes cambios de la humanidad. Me saltó mucho esta frase, es pesimista. Ya sé que no soy la mejor para hablar de optimismo pero, quizás sea el motivo por el que no ocurren grandes cambios, nuestro pesimismo, nuestra falta de confianza en la bondad del hombre, nuestra falta de confianza en el afán perfectivo que todos traemos inscrito, todo esto nos mina, nos hace creer, firmemente, que no son posibles los cambios. (Es aquí donde me encanta la labor de la educación) No son posibles los grandes cambios inmediatos, nuestra época nos ha llevado a querer todo ya, en este mismo momento, si hay que esperar nos aburrimos, nos desesperamos y es cuando nos decimos a nosotros mismos que no es posible. Los grandes cambios son graduales, uno no consigue un cuerpo de modelo en un día de ayuno, se tiene que trabajar, se tienen que cambiar hábitos, actitudes, hacer ejercicio, hay que hacer sacrifi...

Pánico

Ayer me habló mi mamá para decirme que no tenía noticias de dos de mis hermanos que viven solos y en condiciones más o menos precarias. Traté de tranquilizarla y le prometí que trataría yo también de saber de su paradero. Llamé. mandé mensajes a mis otros hermanos y nada, nadie sabía nada, teléfonos fuera del área de servicio... Crecía el pánico, lo que se me vino a la mente fue: ya los mató el vecino loco que tienen. Bueno, es demasiado dramático pero antes de eso había otras opciones: Estaban con Salvador, estaban con tijeras , no servían sus cargadores, estaban dormidos... En fin, cualquiera de las anteriores suena mejor que: seguro están muertos y nadie se ha dado cuenta, ¡Ya se los comieron los gatos! El teléfono de Ernesto decía que estaba ocupado, así que me tranquilicé y mandé un mensaje, si estaba ocupado lo más seguro es que estuviera hablando con Salvador. Al poco tiempo hubo respuesta. ¡Pff! Todo esto me hizo pensar en mi situación actual y en qué pasaría si yo muriera...

Día... el que sea de la cuarentena

Todos están escribiendo sobre la cuarentena, sobre el virus, sobre cómo nos afectará económica, social y emocionalmente. Se ponen, a disposición de la comunidad, teléfonos para intervenir en crisis de ansiedad, etc. ¿Por qué las personas están teniendo crisis de ansiedad y depresión? ¿Por qué tienen insomnio? Primero, estoy consciente que muchos se habrán quedado sin trabajo. (Aquí, ruego a Dios que mantenga el mío) Otros, tendrán a alguien enfermo; se empieza a hacer más evidente que esto no es sólo el COVID-19, nos empezamos a preocupar por si mañana tendremos qué comer, trabajo, dinero, a nuestra familia junto a nosotros... Queremos que ya acabe para poder volver a nuestras rutinas, para poder ver a nuestros amigos, para regresar a nuestras clases, a nuestros trabajos. Y esto es lo que más provoca nuestra ansiedad, la pregunta que nos come a todos. ¿Qué va a pasar cuándo esto acabe? La realidad es que esto no acabará, esto estará iniciando. Antes que nada, hay que disfrutar...